Cuando cumple los 65 años, lleva D. Vicente ya más de 20 como Director de Educación Primaria en el Colegio del Pilar en Madrid. Se encuentra bien de salud y no pide la jubilación. Siempre está dispuesto a lo que dispongan sus superiores, quienes le piden que continúe en su puesto.
Poco a poco la edad va haciéndose notar. La salud le acompaña menos y comienza a tener dificultades para desempeñar su tarea. A los 72 años llega el momento del relevo. Es sucedido en la dirección de Primaria por D. Eliseo. Ya retirado continúa en el mismo Colegio. Una obra tan grande y con tanta tradición necesita personas que sean su memoria histórica y mantengan la relación con muchos antiguos alumnos y padres que en su momento estuvieron muy vinculados al Colegio.
No pierde el tiempo. Atento a todos los que le visitan, dedica largos ratos a recibir a personas vinculadas al Colegio. Lee mucho. “Con la de libros que he querido leer en años anteriores cuando el trabajo no me dejaba tiempo para hacerlo”. Soy testigo personal de su actividad; en ese momento la Administración Provincial me acaba de pedir que asuma la Dirección del Colegio.
D. Vicente sabe retirarse sin intervenir para nada en las tareas de Dirección del centro. Él ya no tiene responsabilidad y quiere dejar actuar libremente a su sucesor sin interferir en su tarea. Le ofrecemos un despacho que quedaba libre en el segundo piso, cerca de la Capilla. Como va a continuar recibiendo visitas, conviene que tenga un lugar para hacerlo. Se lo propongo como decisión del Consejo de Dirección. Lo acepta, aunque dice con su claridad habitual: “Pero que conste que yo no le he pedido” Y era verdad.
De vez en cuando me transmite algún comentario con críticas o propuestas de mejora que le han llegado. Siempre con claridad y nunca con ánimo de imponer. Ni D. Eliseo ni yo sentimos en ningún momento que D. Vicente que seguir influyendo en la dirección del Colegio. Hace unos días me hacía el mismo comentario un profesor seglar que vivió también de cerca la transición.