Ha fallecido un gran hombre y un gran religioso

Don Vicente ha sido un punto de referencia para muchos de nosotros. Hablaba yo hace unos días con un religioso de la Provincia destinado ahora en el extranjero, que no pudo estar presente en su entierro. Me decía: lo he sentido porque hay dos religiosos a los que he admirado mucho y me hubiera gustado estar cerca de ellos en los últimos momentos. Uno era Don Vicente. Las visitas que recibió en el hospital, la participación de amigos y personas queridas en el sepelio y las muchas reacciones que se han producido ante su fallecimiento son la última prueba del gran aprecio que muchísimas personas, religiosos y seglares, le teníamos.

Quiso ser fiel a Dios y a su vocación religiosa. Por conversaciones con él puedo decir que vivía una cierta insatisfacción por sus fallos personales. Quería mantener con toda intensidad los compromisos contraídos. Como buen religioso, el cumplimiento de la Regla era uno de sus primeros objetivos. Las Constituciones de la Compañía de María eran, junto con el Evangelio, lo que orientaba y dinamizaba su vida.

En otro lugar de este escrito quedan destacados sus valores como educador. Entregó su vida a sembrar, cultivar, fortalecer  y a hacer fecundo el espíritu cristiano en los alumnos que se le encomendaron. Y su inquietud no se limitaba a ellos. El desarrollo de la Familia Marianista estaba siempre presente entre sus intereses.

Quiso ser fiel a su tiempo. Como a todos, le costó adaptarse. Una persona que fue profesor del Colegio del Pilar con él como Director me comentaba en tono de broma los enfados de D. Vicente cuando algunos profesores empezaron a dar clase sin corbata.

Su figura es un reto para todos nosotros. Siempre al pie del cañón, entregado a su misión, persona de fe profunda y oración, trabajando para formar personas útiles a la sociedad.

            La sociedad actual es distinta de la de hace treinta o cuarenta años. La Iglesia también ha cambiado. Elementos externos significativos y acentos importantes de la vida religiosa no son los mismos hoy que hace unos años. La nueva Regla de Vida no es sólo una adaptación de las Constituciones a nuevos estilos literarios. El desarrollo de la Familia Marianista en las nuevas circunstancias tiene que plantearse de forma diferente. Ojalá seamos nosotros tan fieles a nuestro tiempo como Don Vicente quiso serlo al suyo. Posiblemente no pasaremos de ser como enanos a hombros de un gigante. Quizás tengamos una visión más amplia de la realidad y seamos capaces de dar pasos nuevos con una perspectiva de más envergadura. En último término no somos más que pequeños enanos que al subirse a hombros de un gigante ven más que él.