No he encontrado en los archivos de la Administración Provincial las primeras cartas de Don Vicente pidiendo ser admitido a la profesión religiosa. Está la que el 24 de Marzo de 1936 dirige al P. Provincial pidiéndole la renovación de los votos. En ella entre otras cosas dice: "Mis disposiciones son las mismas de siempre. He visto que esta es mi vocación, que aquí está mi puesto y con la ayuda de Dios y de María Santísima mi Madre permaneceré en él hasta el último momento".
Es la guerra civil fue movilizado. El 25 de Septiembre de 1937 escribía desde Llanes: "Me estoy paganizando ahora pues no puedo ni oír Misa todos los días; no sé siquiera si hay Iglesia, pues he dado varias vueltas para ver si doy con alguna y todavía no he dado con ninguna. Veremos dónde nos dicen misa el domingo y después ya me arreglaré con el Capitán para que me deje asistir todos los días y llevar así una vida menos pagana. Los demás ejercicios los hago como puedo".
Escribe al Superior General el 23 de Marzo de 1940 desde Valencia para pedir ser admitido a la profesión de los votos perpetuos: "Durante los tres últimos años me ha sido imposible hacerlo por estar movilizado al servicio de la Patria; pero ahora que ninguna traba de ese género se opone a mis deseos, dirijo a usted mi petición con verdadero entusiasmo queriendo ligarme cuanto antes y para siempre a la Compañía de María. Veo Reverendo Padre que estoy lleno de faltas e imperfecciones que me hacen indigno de que me conceda la gracia que le pido; pero con la ayuda de Dios y de su Santísima Madre trabajaré más y más para corregirme de ellas, amoldar mi vida a las enseñanzas evangélicas, impregnarla de ese espíritu mariano propio y característico de esta hermosa Compañía y cumplir fielmente las Constituciones, convencido de que son voluntad de Dios y por lo tanto el camino más recto y más seguro para conseguir el Cielo".
Consigno algunas de las respuestas a la consulta sobre su admisión a la profesión perpetua. Responden distintos religiosos de la Provincia.
"El tiempo que he pasado con D. Vicente ha sido lo suficiente para que yo haya visto en él un buen religioso con un criterio recto y espíritu de fe, que su estancia en filas no ha debilitado. No obstante su carácter fuerte, es sumiso a la dirección y cumple bien sus deberes y obligaciones tanto en lo espiritual como en lo temporal. Buen elemento de comunidad, franco y alegre, sabe observar las distancias y respetar a las personas".
"Es un religioso muy sensato en sus apreciaciones guiadas siempre por un espíritu de amor filial a la Compañía. Acude regularmente a su confesor y admite dócilmente las observaciones que se le hacen".
En 1957 escribe al P. Severiano Ayastuy Provincial: "Muchas veces al pensar en nuestras casas de América he sentido ciertos deseos de ir a trabajar en ellas e incluso al ver marchar a otros hermanos o a los jóvenes escolásticos surgía en mi cierta envidia y hasta cierto pesar de no ser yo tan generoso... Si cree que yo puedo ser útil en aquellas casas, disponga de mi persona que como cuadra a un buen religioso estoy muy dispuesto a cumplir lo que la obediencia me ordene".
En la cena de fin de curso del año 1981 el Ministro de Educación le impuso la Encomienda de Alfonso X el Sabio. Con este motivo escribió al P. Enrique Torres: "Yo que no soy partidario de estas cosas estaba como un flan, excesivamente nervioso. Es verdad que en algún Consejo se habló de la cena de fin de curso para todo el personal de la casa y entonces vi cierta insistencia en alguno de los Directores de que viniese algún Ministro. No lo relacione con lo mío; por lo tanto no pensé en quienes deberían asistir a tal acontecimiento. Tampoco me explico como se les pasó a los que llevaron la voz cantante en todo momento. (Se excusa en la carta de no haber invitado a nadie de la Administración Provincial).
Entresaco algunos párrafos de las palabras que dirigió a los presentes en el acto de imposición de la Encomienda:
"Acepto esta distinción aunque tengo conciencia de que mis méritos son escasos. Mi vida ha sido sencilla, gastada en quehaceres ordinarios en cosas comunes, pequeñas, con frecuencia triviales. Las mil cosas menudas que llenan la vida de un religioso dedicado por vacación a la educación de niños y jóvenes.
"Con humildad, y decía Santa Teresa que la humildad es la verdad, he de reconocer en mis cincuenta años de religioso educador y en mis veinticinco como director de los "pequeños" en este centro, actos positivos, conductas rectas, procurando cumplir con mi deber lo mejor posible consciente de mi responsabilidad. Pero pienso que cumplir con el deber es obligación de todo hombre que se precie de tal, en cualquier lugar y circunstancia que se encuentre sin esperar recompensas terrenas. Esas conductas deberían ser siempre las normales y por lo tanto no veo que puedan tener fuerza para que se les concedan distinciones".
"Pero sobre todo acepto este homenaje y esta condecoración pensando en otras personas muy ligadas a mi vida que prepararon el terreno, echaron la semilla y cultivaron la planta con esmero. Siempre será cierto que Dios en el cumplimiento de sus planes con los hombres se vale de otros hombres".
Pasa luego al capítulo de los agradecimientos. "En primer lugar, por ser también el primero en el tiempo y en la intensidad de su influencia a mi buen Padre que en paz descanse. En otro acto parecido a este, pero de carácter más religioso señale cómo la influencia de mis buenos padres en mi vocación a la vida religiosa fue decisiva, sin ser imperante ni autoritaria, pues hicieron de su hogar un campo de sana convivencia, de intensa vida cristiana y de exaltación de los valores trascendentales. Estoy convencido de que también en este otro aspecto que pudiera llamar profesional la influencia y el ejemplo de mi padre han sido decisivos. ... Vi a diario el intenso trabajo que desarrollaba en su escuela en favor de niños de diferentes edades y siempre con estas características: seriedad, austeridad y sacrificio en su labor, dedicación total sin limitación de horas y en todo momento, salvo rarisimas excepciones con mucha suavidad, con mucho afecto hacía los niños y con mucha alegría, todo ello impregnado de un fuerte espíritu cristiano. ... Después de estos fundamentos todo se lo debo a la Compañía de María que siguió mi formación en parecida línea".
Más adelante hace reflexiones sobre su trabajo: "No importa que esta tarea suponga para el educador mucho trabajo, inquietud, preocupación, quebraderos de cabeza, responsabilidades, pero mirado bajo otro ángulo más sobrenatural, quizás es un honor y un privilegio. El honor de sentirse como los padres representantes de Dios y el privilegio de ser servidores de los niños y jóvenes para procurar su madurez y ayudarles a conseguir "su acabamiento de hommes", como diría el rey sabio.
Y termina su intervención :"Me atrevo a insinuar a mis Superiores- siento que no esté aquí ninguno- que tal vez por bien de la obra sea bueno buscar un sustituto que traiga sabia joven, sabia nueva, que sepa asimilar mejor los necesarios cambios que se van produciendo en el campo de la pedagogía y de la enseñanza, pero que al mismo tiempo sepa mantener lo mucho bueno de otras épocas, que hoy todavía es perfectamente válido. El largo tiempo en el mismo quehacer, el trabajo y la responsabilidad hacen mella en las personas, disminuyendo capacidades y haciendo también aparecer la rutina, enemiga de la creatividad y de la perfección en las cosas. Con todo si he de continuar aquí, prometo seguir trabajando con el mayor entusiasmo en esta obra tan querida, siempre confiado en la ayuda de Dios y de nuestra Madre del Pilar.
El último documento escrito guardado en su archivo data del día de San José de 1.991. El P. Lorenzo Amigo le escribe con motivo del 60 Aniversario de su profesión religiosa: "Al abrazar la vida religiosa en la Compañía de María se comprometió a seguir a Jesús Hijo de Dios, hecho hijo de María para la salvación de los hombres. Sesenta años a las órdenes de María son muchas páginas de Evangelio escritas en su vida desde los diversos servicios que le ha tocado realizar."