Don Vicente Hernando como educador y director            (Autor: Eliseo Pérez)

La figura de Don Vicente Hernando como religioso educador y como Director, no necesita casi de presentación, para la mayoría de los Marianistas.

Todos le recordamos como el Director de "pequeños" del Colegio del Pilar, donde quemó los mejores años de su vida; durante treinta y un años fue el alma y vida de esta sección del Colegio. Por eso es casi inútil hacer de él una semblanza.

Muchos de nosotros tenemos tantas vivencias de su persona y de su quehacer que nos resulta difícil hacer una síntesis de ellas.

Podríamos destacar en su faceta de educador y director, su profundo espíritu religioso y su aprecio extraordinario al apostolado de la educación, así como su rectitud y su sentido religioso de las personas y de los acontecimientos.

Don Vicente era una de esas personas que tenía muy bien trazado su programa de vida; sabía lo que tenía que hacer y nada ni nadie le desviaba de la meta que quería alcanzar. Ese mismo espíritu quería hacer compartir a las personas que trabajaban con él. Supo enriquecerse de virtudes y repartirlas a manos llenas.

Estaba convencido del valor y de la eficacia de la educación cristiana, de la educación integral. Por eso fue un educador exigente en el cumplimiento del deber, exigente consigo mismo y con los demás, profesores y alumnos. Sabía muy bien que no hay educación sin disciplina y sin autodisciplina. Pero esa sana exigencia nunca se convirtió en intransigencia o inflexibilidad; era una persona dialogante, comprensiva y al mismo tiempo celosa del cumplimiento del deber. No le gustaban las cosas a medias.

Serio por fuera, cuando regañaba a algún alumno, lo hacía con un amor grande por dentro y con un deseo enorme de mejora de los niños. Nunca fue más allá de "demonio de crío...", y menos usó la "palmada en la culera", como dijo algún poeta, creo que más por necesidad de rima que por realidad.

En su actuación en el Colegio Ntra. Sra. del Pilar, fue todo generosidad y entrega en tiempo y en intensidad, siguiendo muy de cerca el trabajo de los profesores y de los alumnos, con celo, abnegación, dinamismo y amabilidad.

Cuidó con esmero las relaciones con las familias, se ganó plenamente su confianza y era muy apreciado por ellas, pues veían su entrega a la labor directiva del colegio. Su despacho no tenía horas de visita, estaba siempre abierto.

Como Director fue claro, generoso, exigente y bondadoso. Pude escuchar de él, en mis tiempos jóvenes de profesor, sabrosas conferencias de orden. En las lecturas de notas a los niños ponía en juego sus dotes de buen educador. Reprendía, sin humillar, alababa sin adular, trataba de buscar la fibra sensible de cada niño.

Trabajó con entusiasmo en la formación de buenos profesores, marianistas primero y seglares después. Buen maestro en el arte de la educación, atendía particularmente a los profesores más jóvenes, con verdadera solicitud y buenos consejos, insistiendo en los factores de prestigio y eficacia que siempre ha preconizado la sana pedagogía.

Recuerdo la insistencia sobre todo en una seria e inteligente preparación de la clase, y particularmente la de religión. Nos animaba a trabajar con ardor en la penosa corrección de las "tareas". Nos indicaba, con cuidada y buena escritura y con tinta roja, las faltas advertidas y nos daba algunas sugerencias oportunas para los "sicogramas" de los alumnos.

Su gran espíritu de fe y su gran experiencia le hicieron comprender la importancia de la formación religiosa en el colegio. Un detalle de ello eran las celebraciones de las primeras comuniones que siempre procuró se hicieran bien preparadas y con una solemnidad extraordinaria.

Seguramente que muchas promociones de "pilaristas" recordarán durante muchos años, y tratarán de llevar a sus vidas, aquello que Don Vicente trató de inculcarles y que cantaron muchas veces en el himno del colegio: "Ante todo sinceros Cristianos."

Que el ejemplo y la intercesión de D. Vicente nos ayude a todos a cumplir, como él lo hizo, con nuestra maravillosa vocación de educadores cristianos de formar personas felices, responsables, solidarias y comprometidas.